12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo 12 cuotas sin interés 35% descuento en efectivo

Tus muebles Sufa están hechos con maderas macizas, enchapados de madera natural y terminaciones aplicadas y curadas en nuestra fábrica. Están pensados para el uso real de todos los días: comer, trabajar, apoyar cosas, vivirlos.

Esta guía no es para que los trates con pinzas. Es para que sepas qué necesita cada material y cada terminación, porque no todos se cuidan igual: una mesa laqueada lisa no se limpia como una maciza lustrada, y un respaldo tapizado tiene su propia lógica. Con un par de hábitos simples se mantienen impecables por años.

Y sobre el final te contamos qué cosas son propias de la madera natural —la veta, el tono, el movimiento—, que son justo las que hacen que tu mueble no se parezca a ningún otro.

Si solo leés esto

Lo esencial, en diez líneas

Hacé esto siempre

  Paño de microfibra seco o apenas húmedo, y secá enseguida.

  Posafuentes e individuales para todo lo que venga caliente.

  Secá cualquier derrame en el momento, sobre todo en los cantos.

  Fieltros abajo de objetos pesados, floreros y macetas.

  Levantá los muebles para moverlos, entre dos personas.

Evitá esto

  Alcohol, cloro, amoníaco, solventes o esponjas abrasivas.

  Lustramuebles en aerosol con silicona.

  Sol directo muchas horas y calor de estufas o aire acondicionado.

  Pasar un paño seco sobre una superficie con polvo: el polvo raya.

  Arrastrar los muebles o cortar directo sobre la mesa.

Al recibirlo

¿Qué hago cuando llega el mueble y dónde lo ubico?

Cuando llega tu mueble hay dos momentos: entrarlo y ubicarlo, y recién después desembalarlo. Conviene hacerlo en ese orden, y darle al primero unos minutos de más.

Entrarlo y ubicarlo

Este es el momento al que más vale la pena prestarle atención. Las marcas que a veces aparecen en un mueble nuevo casi nunca vienen del uso: vienen de los diez minutos que van de la puerta al lugar definitivo. Pasillos angostos, marcos de puerta, escaleras y esquinas de pared son superficies duras, y las puntas y los cantos son las zonas más expuestas de cualquier mueble.

  Siempre entre dos personas. Una tapa de mesa necesita a alguien de cada lado. Sostenerla de un solo extremo hace que el otro termine rozando la pared o el piso.

  Levantá, no apoyes ni deslices. Apoyar una tapa de canto contra una pared o un escalón para tomar aire es lo que más gasta las puntas. Si necesitás una pausa, apoyala acostada sobre una manta.

  Medí antes el paso más angosto. Puerta, palier, escalera, ascensor. Es mucho mejor darse cuenta antes de empezar que a mitad de camino.

  Las sillas, de a una. Llevar dos juntas hace que se golpeen entre sí, y ese contacto entre maderas es el que deja marcas.

  Dejá el embalaje puesto hasta el final. Es la mejor protección que tiene el mueble para el trayecto: sacalo recién cuando ya está en su lugar.

Desembalarlo

Con el mueble ya ubicado, retirale todo el film y el embalaje para que ventile bien, sobre todo si estás en plena obra o mudanza. Si sentís un olor a terminación nueva, es normal y se va en unos días con el ambiente ventilado.

Dónde ubicarlo

  Sol directo: si se puede, que no le pegue muchas horas. La madera natural cambia de tono con la luz —le pasa a toda la madera, no solo a la nuestra— y en las terminaciones oscuras se nota más. Un visillo o una cortina liviana alcanza.

  Fuentes de calor: dejá distancia de estufas, radiadores y de la salida directa del aire acondicionado. El calor seco y puntual es lo que más mueve la madera.

  Humedad: no lo pegues a paredes con humedad; dejá unos centímetros de aire por detrás.

Si el piso no está parejo, ponele fieltros o regatones para nivelarlo. Un mueble que apoya en tres patas trabaja torcido y con el tiempo puede aflojar las uniones. Y un detalle más: nuestros muebles están pensados para interiores.

El día a día

¿Cómo los limpio y los cuido en el uso de todos los días?

La limpieza de rutina es siempre la misma, más allá del material: paño de microfibra seco para el polvo y, si hace falta más, el mismo paño apenas humedecido en agua con una gota de jabón neutro blanco, y después secar con un paño seco. Húmedo, nunca mojado.

Pasá el paño en el sentido de la veta cuando la madera está a la vista: arrastra menos y no deja marcas cruzadas.

  Dejá afuera el alcohol, el cloro, el amoníaco, los solventes, los quitagrasas y las esponjas abrasivas: no son compatibles con la terminación y con el tiempo la opacan.

  Secá cualquier derrame en el momento, sobre todo si llega a los cantos o a las uniones.

  Todo lo que venga caliente va con posafuentes o individual, sin excepción.

  Floreros, macetas y objetos pesados, siempre con plato y con base de fieltro o corcho.

  Si vas a probar cualquier producto nuevo, probalo primero en una zona que no se ve: abajo de la tapa o atrás de una puerta.

Nota Sufa

Los lustramuebles en aerosol con silicona dan un brillo lindo el primer día, pero dejan una película que atrae polvo y con el tiempo opaca la terminación. No hacen falta: nuestras terminaciones ya vienen selladas.

Según el material

¿Cambia algo si es maciza, enchapada o MDF?

Sí, y es la primera cosa que conviene saber de tu mueble. Todos nuestros muebles se construyen sobre una de estas tres bases, y cada una tiene su punto sensible.

Madera maciza

Paraíso, Petiribí, Guayubira o Guindo. Es material vivo: se mueve un poco con los cambios de humedad y temperatura del ambiente.

  Lo que más le sirve es un ambiente estable: ni estufa pegada ni humedad constante.

  Es la base que mejor tolera un rayón: casi siempre se puede reparar en el lugar.

Madera enchapada

Una lámina de madera natural sobre una base de MDF. Tiene la veta real de la madera, con un espesor de lámina muy fino.

  No la lijes, raspes ni frotes con nada abrasivo: la lámina es delgada.

  El punto sensible son los cantos: ahí secá los derrames enseguida y evitá los golpes.

MDF laqueado

La base más estable y pareja, sin veta ni movimiento. Siempre va con terminación laqueada pulida.

  Con secar los derrames en el momento está todo resuelto: lo único que conviene evitar es el agua que queda parada sobre un canto o un trapo húmedo apoyado.

  La terminación es lisa, así que marca más las huellas y las rayas finas.

Según la terminación

¿Cómo cuido un lustrado, un laqueado poro abierto y un laqueado pulido?

La base define la estructura; la terminación define el color, el brillo y cómo se limpia. Estas son las tres que hacemos.

Lustrado (natural, moka, nogal, imitación petiribí)

La madera queda a la vista con su veta y su textura, protegida por la terminación. Es la más noble para el uso diario y la más fácil de retocar si aparece una marca.

  Paño seco para el polvo; apenas húmedo cuando hace falta, y secado inmediato.

  No necesita ceras ni aceites: si en algún momento querés renovarlo, escribinos y te decimos qué corresponde según el mueble.

Laqueado poro abierto

Lleva color, pero se sigue viendo y sintiendo la veta. Al tener relieve, el polvo se deposita dentro del poro.

  Pasá el paño en el sentido de la veta; si se acumuló polvo, un pincel suave o la aspiradora con boquilla de cerda lo saca sin esfuerzo.

  Evitá frotar en círculos o con fuerza: se marca el relieve.

Laqueado pulido (liso)

Es la terminación más pareja y la que mejor muestra el color, y también la más delatora: se ven las huellas, el polvo y las rayas finas, sobre todo en los tonos oscuros como Gris Granito o Negro.

  Nunca pases un paño seco sobre una superficie con polvo: el polvo actúa como lija y deja microrayas. Humedecé apenas el paño, pasalo, y después secá con otro seco.

  Ojo con lo que apoyás: la base sin esmaltar de platos y fuentes de cerámica, las bases de vasos con arenilla, hebillas, llaves, bijou y las patitas de una notebook son lo que más raya.

  Un solo tipo de paño: microfibra limpia. Un repasador con restos de arena o migas raya igual que un abrasivo.

Mesas de comedor

¿Cómo cuido la mesa en el uso diario?

La mesa es el mueble que más trabaja de la casa, y casi todo lo que la desgasta se resuelve con dos costumbres: apoyar sobre algo y limpiar en el momento.

  Calor: fuentes, ollas, cafeteras y platos recién sacados del horno van siempre sobre posafuentes. El calor directo puede dejar un velo blanquecino en la terminación.

  Cubiertos y vajilla: apoyá los cubiertos en el plato, no sobre la tapa. El filo de un cuchillo y la base de cerámica sin esmaltar son lo que más marca.

  Nunca cortes sobre la mesa: usá tabla, aunque sea «un cortecito».

  Ácidos: limón, vinagre, vino, tomate y bebidas cola pueden dejar marca si quedan horas. Pasá el paño cuando terminan de comer, no al día siguiente.

  No te sientes ni te apoyes en el borde o en las puntas: ahí la tapa trabaja en voladizo y es la zona que más fuerza recibe.

  Para trabajar o estudiar muchas horas, un individual grande o una carpeta debajo de la notebook evita el roce constante en el mismo punto.

Nota Sufa

Si vas a hacer una comida larga o una fiesta en casa, un mantel o unos caminos resuelven la noche entera. No es cuidar la mesa de más: es no tener que estar atento a cada copa.

Sillas

¿Qué necesitan las sillas?

Nuestras sillas son de madera maciza, con terminación lustrada o laqueada, y muchas llevan asiento o respaldo tapizado. La estructura es firme, pero hay tres cosas que la exigen de más:

  No las inclines hacia atrás en dos patas. Es lo que más exige las uniones de una silla: todo el peso queda en dos puntos y en la unión de la pata trasera con el asiento.

  No te pares arriba para alcanzar algo alto, ni las uses como escalera.

  Levantalas para moverlas, no las arrastres. Ponele fieltros a las patas: cuidan el piso y también la silla.

Cada tanto, revisá los tornillos. Las sillas de madera asientan con el uso y es normal que después de unos meses algún tornillo quede apenas flojo: ajustalo con suavidad, sin forzar. Hacer eso una o dos veces por año es lo que hace que una silla dure décadas.

El tapizado del asiento

  Aspirá con regularidad con un accesorio suave.

  Si se mancha, retirá el exceso sin frotar y limpiá con un paño apenas humedecido en jabón neutro blanco, con movimientos suaves.

  Nunca alcohol, cloro ni solventes: dañan las fibras y alteran el color.

  Ojo con los jeans y las prendas de tonos intensos sobre telas claras: pueden transferir color con el roce y la transpiración.

Respaldos y camas tapizadas

¿Cómo mantengo el respaldo como el primer día?

El respaldo es la pieza tapizada que menos uso tiene y, a la vez, la que más contacto directo recibe: la cabeza, la espalda al leer, la pared por detrás.

  Aspirá cada tanto con boquilla suave, incluida la parte de arriba, donde se junta el polvo.

  Si te apoyás para leer o mirar algo, usá almohadones entre tu cabeza y la tela. Las cremas, los aceites capilares y el protector solar son lo que más marca un tapizado claro con el tiempo.

  No lo dejes pegado a una pared con humedad; dejá aire por detrás y ventilá el ambiente.

  Para mover la cama, nunca la empujes ni la tires desde el respaldo: agarrala desde la estructura o la base.

  Manchas: paño apenas humedecido en jabón neutro, sin frotar. Nunca alcohol ni cloro.

Vajilleros, racks, consolas y mesas de luz

¿Cómo cuido los cajones, las puertas y los herrajes?

  Abrí y cerrá sin golpear. Las correderas y las bisagras están hechas para acompañar el movimiento, no para el portazo.

  Distribuí el peso: lo más pesado va abajo y repartido, no todo en un extremo del cajón.

  No abras varios cajones cargados a la vez en los muebles altos: el mueble se desbalancea hacia adelante.

  No fuerces las puertas más allá de su tope ni las uses como apoyo.

  Herrajes y manijas: paño seco. Los limpiametales y los productos con amoníaco pueden manchar la terminación de alrededor.

  En racks de TV: centrá el televisor y dejá respiro para los cables y la ventilación de los equipos.

  En mesas de luz: cuidado con los vasos de agua y los difusores de aroma. Un derrame que queda toda la noche llega a la base y ahí sí deja marca.

Manchas y marcas

¿Qué hago si aparece una marca?

Casi todo se resuelve si actuás en el momento. Lo que complica una marca no es el derrame: es el tiempo que se queda ahí.

  Agua o bebida: secá enseguida con un paño absorbente, sin frotar, y pasá un paño seco al final.

  Grasa o aceite: levantá el exceso con papel, después paño apenas húmedo con jabón neutro y secado inmediato.

  Marca de calor o de humedad: no la trates con productos ni con calor. Escribinos con una foto: según la terminación, el retoque es distinto.

  Tinta, marcador o esmalte: no uses alcohol ni acetona: dañan la terminación más que la mancha. Consultanos antes.

  Rayón superficial: en lustrados y laqueados poro abierto suele repararse en el lugar. Mandanos una foto y te decimos cómo.

  Manchas en tapizado: retirá el exceso sin frotar, paño apenas húmedo con jabón neutro blanco, y probá siempre primero en una zona que no se ve.

Nota Sufa

Antes de probar un remedio casero que leíste en internet, escribinos. La mayoría de los daños que vemos no los hizo la mancha: los hizo el producto que se usó para sacarla.

Al moverlo

¿Cómo muevo un mueble sin dañarlo?

  Siempre entre dos personas, levantándolo del piso.

  No lo arrastres: marca el piso y, con el tiempo, va aflojando las uniones y las patas.

  Agarralo desde la estructura o la base, nunca desde la tapa, el borde, los estantes ni las manijas.

  Vaciá los cajones antes y, si se puede, sacá los estantes móviles.

  En mudanzas: envolvé con manta o cartón corrugado. No pegues cinta adhesiva directamente sobre la terminación ni dejes film ajustado durante días sobre un laqueado.

  Si desarmás algo para pasarlo por una puerta, guardá los herrajes juntos y en bolsa.

Buenas a saber

Lo que es propio de la madera natural y no es una falla

Trabajamos con madera de verdad, y eso trae cosas que vienen con el material. No son defectos ni descuidos de fabricación: son la diferencia entre un mueble de madera y uno impreso con dibujo de madera. Te las contamos en detalle, porque saber qué esperar cambia por completo cómo se ve tu mueble el día que llega.

Nada de lo que sigue es un problema ni algo que tengas que andar vigilando. Lo contamos porque quien entiende por qué su mesa tiene esa veta y no otra la disfruta más, y porque preferimos que lo sepas por nosotros.

No hay dos maderas iguales

Cada tabla sale de un árbol distinto, y dentro del mismo árbol la veta cambia según de qué parte del tronco se cortó. Por eso ninguna pieza es idéntica a otra, ni siquiera dentro del mismo mueble.

  Entre tandas de madera hay diferencias. Dos mesas del mismo diseño, la misma especie y la misma terminación pueden tener vetas distintas y un tono levemente distinto, simplemente porque la madera vino de otra partida. Si hoy comprás la mesa y en un tiempo sumás las sillas, es esperable que no sean un calco.

  Hay zonas con más veta que otras. Dentro de una misma tapa vas a ver tablas con el dibujo más marcado y otras más lisas, líneas más cerradas y más abiertas, y hasta pequeñas diferencias de color entre la parte más clara y la más oscura de la madera. Es cómo creció el árbol.

  Nudos y marcas naturales. Algunas especies los tienen más que otras. Seleccionamos la madera para que el resultado sea parejo, pero una veta cerrada, un nudo chico o una línea de color son parte de la historia de esa tabla, no una imperfección.

  La foto es una referencia, no una muestra. Ninguna foto —ni la de la web, ni la de Instagram, ni la de otro cliente— puede mostrar exactamente la veta que va a tener tu mueble, porque esa madera todavía no estaba cortada cuando se sacó esa foto. Lo que sí es fiel es la especie, la terminación y el color.

  El tono cambia con el tiempo. Las maderas se oxidan con la luz y toman un tono más ámbar; en el Paraíso y el Petiribí se nota más. Por eso conviene rotar cada tanto los objetos que quedan siempre en el mismo lugar: si no, la zona de abajo se queda con el tono original y después se ve la marca.

La madera maciza trabaja, siempre

La madera es higroscópica: intercambia humedad con el aire de tu casa toda su vida. Cuando el ambiente está húmedo absorbe y se expande; cuando está seco libera y se contrae. Eso es lo que en el oficio se llama que la madera trabaja, y no se detiene nunca, ni en un mueble de veinte años.

Esto es, sobre todo, cosa de la madera maciza: ahí la tabla se mueve entera y libre. En Buenos Aires el salto es grande —veranos húmedos, inviernos secos con estufa o aire caliente—, y en ese vaivén pueden aparecer:

  La línea de unión entre tablas más marcada en la época seca, y casi invisible cuando vuelve la humedad.

  Alguna línea muy fina, del grosor de un pelo, en las puntas de las tablas o cerca de un nudo. Es el modo que tiene la madera de acomodar sus tensiones y no afecta en nada la firmeza del mueble.

  Cajones y puertas que ajustan distinto según la estación: más duros en verano, más holgados en invierno.

  Un movimiento mínimo en una tapa grande, que puede no quedar perfectamente plana en todas las estaciones y se vuelve a acomodar cuando cambia el clima.

Todo esto se reduce mucho manteniendo el ambiente estable. El rango que mejor le sienta a un mueble de madera es entre 40% y 60% de humedad relativa, con temperaturas de casa normales. Un higrómetro chico cuesta muy poco y te dice en qué anda tu ambiente; si estás muy por debajo en pleno invierno, alcanza con no tener el mueble pegado a la estufa y ventilar bien.

Nota Sufa

Los primeros uno o dos meses el mueble se está acomodando a tu casa: pasa de la humedad de nuestra fábrica a la de tu ambiente. Si notás un movimiento chico en ese período, dale ese tiempo antes de preocuparte. Y si te queda la duda, mandanos una foto igual: preferimos verla.

¿Y el enchapado también trabaja?

Mucho menos, y por una razón concreta: la lámina de madera va pegada sobre una base de MDF, que es un tablero fabricado a partir de fibras y prensado, sin la dirección de veta que hace que una tabla se mueva. Esa base casi no reacciona a la humedad del aire, y como la lámina está adherida a ella, tampoco se puede expandir ni contraer por su cuenta. Un panel enchapado se mueve una fracción mínima de lo que se mueve una tabla maciza equivalente. Por eso, en enchapado no vas a ver juntas que se abren en invierno ni cajones que ajustan distinto según la estación.

Igual tiene dos cosas para tener en cuenta, y las dos se previenen fácil:

  Los ambientes muy secos y sostenidos. Con un invierno entero de estufa prendida y sin ventilar, la lámina puede llegar a marcar líneas muy finas en el sentido de la veta. Es poco común, y se previene con lo mismo de siempre: que el mueble no quede pegado a la fuente de calor y ventilar el ambiente.

  El agua que queda parada. Acá se da vuelta la cosa: el enchapado se lleva muy bien con la humedad del aire, pero no con el agua que se queda un buen rato sobre un canto —un derrame que no se secó, un trapo mojado apoyado, un florero sin plato—. Es la marca que después más cuesta revertir y, a la vez, la más fácil de evitar: con pasar un paño en el momento, listo.

Para acordarte

La madera maciza convive con la humedad del aire y se va acomodando a ella. El enchapado ni se entera del aire, pero prefiere que el agua no le quede parada encima. Los dos son materiales muy nobles; solo piden cosas distintas.

Los enchapados y los cantos

En el enchapado, una lámina de madera natural va pegada sobre una base de MDF. La cara que ves y tocás es madera real, con toda su variación, pero con un espesor muy fino. Eso trae sus propias particularidades:

  Se ven las uniones entre láminas. Una tapa grande no sale de una sola hoja: se arma juntando varias, y esa línea de unión se ve. Cuando las hojas se abren en espejo, el dibujo queda simétrico y es parte del diseño.

  Dos láminas vecinas pueden parecer de tono distinto según desde dónde mires. Al abrirse en espejo, una queda con la fibra en un sentido y la otra al revés, así que reflejan la luz diferente. Movete un metro y el efecto cambia: es la luz, no el color.

  El canto se enchapa aparte. Lleva una tira de la misma madera, y como es otra pieza puede tener una veta distinta a la de la tapa. Es imposible que continúe el dibujo.

  El canto es la zona a cuidar. Es donde la lámina se encuentra con la base y donde un golpe o el agua que queda parada hacen más diferencia. No lo lijes, no lo raspes y no pases nada abrasivo por ahí.

  El Petiribí enchapado es reconstituido, así que su veta es mucho más pareja y regular que la del Petiribí macizo. Son dos materiales distintos, no dos versiones del mismo: si viste uno y esperás el otro, la diferencia va a ser grande.

¿Y entonces qué sí conviene que veamos?

Nada de lo de arriba es un defecto. Pero hay cosas que sí queremos ver, y cuanto antes mejor:

  Partes flojas, uniones que se abrieron o un mueble que quedó inestable estando bien apoyado.

  Lámina levantada, despegada o burbujeada.

  Terminación que se descascara, se ampolla o se marca sola sin que haya pasado nada.

  Cajones o puertas que no cierran de fábrica, más allá del ajuste normal de la estación.

  Cualquier diferencia con las medidas o el color que acordamos.

Escribinos con fotos con luz de día y contanos hace cuánto lo tenés. Lo miramos y te decimos qué corresponde: en muchos casos se resuelve con un retoque en el lugar.

¿Te quedó alguna duda?

Escribinos y te ayudamos

Cuidar tus muebles Sufa no requiere grandes esfuerzos, solo constancia. Con estas rutinas simples van a conservar su color, su textura y su firmeza como el primer día. Y si tenés cualquier duda —o si apareció una marca y no sabés qué hacer— escribinos con una foto y te ayudamos.

Escribinos por WhatsApp →